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Cerramos esta serie introductoria sobre la financiación de la cultura en los municipios con algunas puntualizaciones sobre el papel de las ADMINISTRACIONES. En el contexto en el que nos encontramos, consideramos necesario modificar las relaciones entre las administraciones apelando a la cooperación y a la solidaridad entre ellas antes que, como parece que ahora impera, al esclarecimiento de competencias entre las mismas sólo para ajustar el gasto público. Es decir, recortarlo. Indiscutiblemente, y así lo señalamos en la anterior entrada, es necesario no duplicar proyectos, equipamientos o instituciones para optimizar los recursos, pero las administraciones no son reinos de taifas y deben establecer un diálogo entre ellas que resultará fundamental para establecer nuevas vías de financiación.

Otro cambio necesario, impulsado por la sociedad civil en este caso, tiene que ver con el modelo de relaciones de las administraciones con la sociedad, especialmente en los ayuntamientos. Siguen, en parte, siendo instituciones anquilosadas, tal vez excesivamente burocratizadas y distantes, pero la demanda ciudadana puede abrir canales de diálogo y participación. Así, vemos este potencial cambio de relación en los niveles de exigencia de los ciudadanos para con las administraciones y poderes públicos con demandas como la exigencia de transparencia, de eficacia en la gestión, etc. de esta manera, es responsabilidad de las administraciones propiciar estas relaciones no sólo con las empresas e instituciones privadas, sino también entre ellas y, especialmente, con la ciudadanía, hecho que, como señalamos antes, en el ámbito de la financiación lo podemos ver reflejado con el crowdfunding.

Insistiendo en la relación entre administraciones, especialmente en el ámbito local, citamos nuevamente al profesor Carles Ramió Matas “En España este ámbito no ha sido objeto de suficiente análisis y en la práctica institucional suelen predominar más las lógicas de conflicto o de ignorancia mutua que sistemas eficaces de colaboración. En este sentido es muy importante de cara a unos buenos servicios públicos que las administraciones cooperen: que las comunidades autónomas se entiendan mejor con las administraciones locales mediante proyectos concretos de cooperación o mediante sistemas más estables de colaboración (por ejemplo los consorcios) (…) Hay que aprovechar los recursos escasos y las positivas sinergias de los partenariados intergubernamentales. Hay que aprender de las prácticas de cooperación entre las organizaciones del sector privado. Pero la cooperación intergubernamental debería realizarse desde la generosidad institucional para que no se produzca una imposición de modelos de las administraciones grandes hacia las pequeñas. Es decir, una cooperación con pleno respeto a la autonomía política y administrativa.” (Los partenariados público-privados y la creación de valor público, 2010)

De esta manera, llegamos al capital público. Esta fuente aún tiene camino por recorrer en los municipios. De nuevo, son caminos que ya fueron transitados, pero hemos de volver a hacer hincapié en ellos.

En primer lugar el acceso a FONDOS DE OTRAS ADMINISTRACIONES: provincial, autonómica, estatal y europea. Incluso el acceso a fondos de las propias administraciones locales que, hasta ahora, hayan sido destinados a otras áreas. No podemos olvidar que la economía de la cultura es política cultural, y ésta es política. Esto es, el reparto de fondos (pocos o muchos) es una decisión política. Se trata, de nuevo, de hacer cierta “pedagogía” (con datos, de la manera más exhaustiva y clara posible en tanto que tenemos herramientas para ello) mostrando que el desarrollo cultural es desarrollo social y, también, económico.

En segundo lugar, y volviendo a introducir la idea de la relación entre gobernanza y financiación, en los ayuntamientos LA CULTURA DEBE SITUARSE (SI QUIERE AUMENTAR SUS RECURSOS PÚBLICOS) EN LOS EJES DE TOMAS DE DECISIONES. Debe dejar de ser o accesoria o tan independiente que viva aislada del “resto de realidades” municipales. Creemos que no es posible entender una ciudad o un municipio en su complejidad sin atender al sector cultural y, si este sector quiere tornar determinante, debe tenerlo en cuenta. Por ejemplo, los planes generales de ordenación territorial de un municipio pueden generar espacios de creación, clústeres creativos, etc. que dinamicen la actividad económica en torno a la cultura.

En este sentido, es común, en la búsqueda de financiación para la cultura derivada de la actividad económica de un territorio, el recurso al TURISMO. El desarrollo del “turismo cultural” se considera como uno de los ejes sobre los que se centran las políticas culturales municipales. Por ejemplo: Invirtamos en la recuperación de elementos patrimoniales que propicien un aumento de visitantes. Se podrían conseguir recursos económicos a través de la “explotación” directa de los mismos (entradas, merchandising, alquiler de espacios, otros usos, etc.). Por otra parte, el aumento de visitantes, a su vez, genera un aumento de la actividad económica asociada al turismo (hospedaje, restauración, transportes, etc.)

Cuando nos referimos especialmente al patrimonio cultural el turismo cultural parece ser la piedra filosofal de las políticas culturales para generar riqueza. Se nos plantean aquí, al menos, dos problemas:

  • El propio uso y potencial cosificación del patrimonio primándose, a veces, más una “marca” que la identidad que refleja el patrimonio y cayendo en una suerte de banalización del propio patrimonio cultural.
  • La capacidad de generación de recursos económicos susceptibles de financiar la cultura es realmente baja. Los réditos que pudiera reportar el patrimonio cultural no revierten en su financiación directamente. Pero, además, puede tener un perverso efecto contrario en casos de masificación, necesitándose más recursos, para más infraestructuras afectando a las cuentas públicas. Y, en estos casos, incidiendo negativamente en la calidad de vida de los ciudadanos hasta tal punto de que puedan aparecer procesos de gentrificación, por ejemplo. No obstante, sólo son riesgos que, atendidos en su justa medida pueden minimizarse. Así, el turismo cultural se muestra como una forma más, a veces muy positiva, de revalorizar la cultura y dinamizar la economía asociada a ella. En este sentido, podemos afirmar que “Centrándonos en el turismo cultural a nivel local, es evidente que éste supone un factor de regeneración y revitalización de los municipios, no sólo a nivel económico, sino también en lo concerniente al aspecto paisajístico, de preservación del patrimonio cultural e histórico, de imagen externa e imagen interna, o de vertebración del territorio con el consiguiente reequilibrio de la actividad y el reparto de riqueza y bienestar. Dicho de otro modo, la actividad turística puede ayudar a justificar inversiones y actuaciones, tanto a nivel público como por parte de la iniciativa privada, y en este caso tanto desde la vertiente turística como de la cultural, propiamente dichas, que sin duda deberán revertir principalmente sobre los residentes” (El turismo cultural: cuando el recurso supera al destino turístico. El caso de Figueres, Marién André, Isabel Cortés y Jordi López, 2003)

Por último, el TRABAJO EN REDES ENTRE MUNICIPIOS es una vía susceptible de ampliar el acceso al capital.  Pueden tomarse medidas del tipo de programaciones conjuntas que abaratarían costes, satisfacción de necesidades complementarias (tal vez no sean necesarios dos centros de interpretación de la misma realidad en la misma comarca, y ningún teatro-auditorio…), etc. se trata, en definitiva, de racionalización de recursos y costes. Es decir, el antes citado parternariado entre administraciones.

Para finalizar, y saliendo del ámbito municipal, los poderes públicos pueden actuar a través de la legislación para aumentar la capacidad de financiación de la cultura más allá de las ya citadas potenciales reformas impositivas (bajada del llamado “IVA cultural”) y de la ley de Patrocinio y Mecenazgo. Así, pueden establecerse medidas como el establecimiento de impuestos específicos cuya recaudación esté destinada al ámbito de la cultura, el destino de “capitales” al ámbito de la cultura (un porcentaje recaudación de loterías, medidas en la línea del 1,5 % cultural, etc.), medidas “proteccionistas” del tipo “Excepción Cultural” que intervengan en el mercado en favor de ciertas manifestaciones culturales…

Esto es, en la tarea de búsqueda y aumento de la financiación para la cultura en los municipios, hemos barajado tres líneas de trabajo: Medidas impositivas y modificaciones legislativas para mejorar y aumentar la financiación, aumentar el acceso al capital público (allá donde lo hubiera) y aumentar el acceso y atraer al capital privado. Eso sí, insistimos, NI LAS FUENTES DE FINANCIACIÓN SON NEUTRALES, NI LA FINANCIACIÓN PER SE SOLUCIONARÁ LOS PROBLEMAS E INQUIETUDES QUE ACTUALMENTE AFECTAN AL SECTOR CULTURAL.

 

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Un pensamiento en “Políticas culturales, administraciones y su incidencia en la financiación de la cultura en los municipios. Y 4

  1. Reblogueó esto en Opiniones desde la Libertady comentado:
    Analizar la situación de la cultura, su financiación y el papel de las administraciones públicas en situaciones de crisis es una aventura peligrosa. Más en unos momentos en las que los enemigos de lo público, excepto cuando es para eliminar derechos de ciudadanía, sociales y laborales es el fin de partidos como el PP-Franquismo que cuenta aún con demasiadas instituciones que controla ferreamente.

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