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Volviendo al origen de esta serie, ¿qué pueden hacer en estos momentos los agentes culturales para financiar sus centros, proyectos y actividades en los municipios?

Desde el marco de los poderes públicos pueden tomarse medidas que faciliten y potencien la financiación privada de la cultura como vía COMPLEMENTARIA a la escasa financiación pública. En este sentido, los ayuntamientos por sí solos no pueden acometer los cambios legislativos necesarios. No obstante, señalaremos algunas medidas comúnmente solicitadas por el sector y que podrían favorecer el trabajo desde los municipios y territorios.

En primer lugar, la REDUCCIÓN DE IMPUESTOS para actividades culturales. El ejemplo paradigmático en este caso sería la bajada del IVA cultural. Parece lógico que la bajada de este impuesto, al que están sujetas prácticamente todas las relaciones comerciales, supondría un estímulo para (las relaciones comerciales de) la cultura. Recordemos que ahora se sitúa en el 21 % (subido desde el 8%).

No obstante, no podemos culpar a la subida de este impuesto de todos los males de la cultura. De hecho, el propio concepto de IVA cultural no es homogéneo. La edición de libros y revistas mantiene el IVA súper reducido al 4%, algunas transacciones comerciales con obra de arte y la entrada a museos, pinacotecas, etc. tributan al 10 %… Y estos sectores probablemente consideren que la “crisis” les afecte de igual manera. La producción cultural se ha ido reduciendo desde el comienzo de la crisis, y no precisamente propiciada por la subida del IVA. La subida sólo ha ido acelerando muertes.  Por ello, entendemos que su reducción tal vez lograría aumentar el consumo y, por tanto, la producción cultural.

Porque, además, sí podemos afirmar, más allá de los datos puramente económicos que su subida responde a una consideración de la cultura. Esto es, el IVA súper reducido y la exención del IVA se aplican a productos que el estado considera susceptibles de ser protegidos: alimentación, productos sanitarios, educación, etc. Parece que en 2012 cierta cultura dejó de ser importante para los poderes públicos. Su importancia se trasladó a la capacidad de ser fuente de ingresos para el estado. Y, por cierto, ¿ha servido de algo?

En el ámbito de los cambios legislativos, otra demanda de buena parte del sector cultural está ligada a la LEY DE MECENAZGO. Se trataría de modificar la ley aumentando las exenciones fiscales para la donación en cultura, especialmente las inversiones “individuales” realizadas por personas físicas. Facilitar la desgravación fiscal puede incentivar la entrada de capital privado en cultura.

Aunque, situando nuevamente en contexto la demanda de una nueva ley, en esencia no se trataría de un cambio cualitativo en tanto que ya existe una ley de mecenazgo, sino cuantitativo. Esto es, se trata de aumentar los incentivos para que las empresas, entidades, personas físicas puedan invertir (con una contrapartida) en cultura. Estamos centrando la capacidad de recaudar fondos desde el ámbito privado a la posibilidad de exenciones y dispensa de impuestos. En nuestra opinión, la posibilidad de aumento de las donaciones tiene que ver con una dimensión diferente. Se trata de “concienciar” no sólo de facilitar, esto es, desde el sector cultural debemos POTENCIAR EL CARÁCTER FILANTRÓPICO DEL MECENAS. El mecenazgo sólo aumentaría en nuestros entornos sociales desde una perspectiva filantrópica antes que inversora.

Por otra parte, el mecenazgo no es, tampoco, la panacea. Su desarrollo conlleva ciertos riesgos. El primero, sobre el que ya hemos escrito en este blog, tiene que ver con la reducción de impuestos (recursos) recibidos por el estado derivado de las exenciones fiscales. Y, aunque ese capital sea finalmente invertido en cultura, el estado pierde la potestad y capacidad de decisión sobre el mismo. Es decir, el destino y, por ende, la dirección de las políticas culturales pasa a manos privadas (por muy filantrópicas que se muestren). Este hecho se une a la volubilidad en la financiación que puede generar el mecenazgo (derivado de la voluntad individual de los gestores o dueños de una empresa -sería interesante reflexionar también sobre la asimetría de información y el problema de agencia respecto de las donaciones de grandes empresas).

Además, el mecenazgo como eje de la financiación de la “cultura” conlleva otro riesgo: el abandono de lo minoritario. En un doble sentido, en primer lugar es probable que el capital obtenido por parte de empresas e instituciones privadas se destine a actividades mayoritarias que puedan reportar mayor visibilidad y repercusión. Y, en segundo lugar, el abandono de los “lugares minoritarios”, esto es, el capital se acumula en grandes ciudades, frente a las pequeñas localidades, del mismo modo podrían hacerlo las donaciones. Este es uno de los papeles capitales de los poderes públicos, la redistribución de recursos y universalización de acceso a todas las posibilidades en los municipios pequeños y remotos.

A pesar de estas consideraciones críticas, el mecenazgo es fundamental para la financiación de la cultura en los municipios. Ilustramos esta idea con una cita del texto Patrocinios y Mecenazgos de Cristian Antoine: “Hay que ser muy cautos en esta parte, actuar sin falsas hipocresías, A LOS GESTORES CULTURALES NOS INTERESA QUE HAYA MECENAS. ¿Que por qué quieren hacer esto? Puede que tengan muchos de ellos intereses bastante egoístas, sin embargo hay también que señalar un hecho concreto; SUS LEGÍTIMOS APORTES CONTRIBUYEN AL FINANCIAMIENTO DE LAS ACTIVIDADES CULTURALES Y CON ELLO GANAN TODOS. EN PARTICULAR GANAN LOS ARTISTAS Y GANA EL PÚBLICO QUE PUEDE ACCEDER A LAS OBRAS DE ARTE” (el resaltado es nuestro)

Caso aparte es el del MICRO MECENAZGO (CROWDFUNDING). Se trata de una técnica de financiación que, en los últimos tiempos, está viviendo un enorme auge y no sólo en el ámbito de la cultura. Pero, su peculiaridad reside no sólo en la incidencia económica cuantitativa, sino en una serie de especificidades:

  • Se trata de financiación colectiva
  • Necesita una estrategia de comunicación (e interrelación) directa entre creadores-gestores y sociedad civil
  • Aquí, los mecenas reciben una compensación, un premio, etc., convirtiéndose en públicos, sujetos de comercialización de un producto cultural, financiadores e, incluso, productores de cultura.
  • Por tanto, se trata de la participación directa de la sociedad civil en el ámbito de la cultura

Así, y dada cuenta las posibilidades que abre, a este tipo de financiación le dedicaremos una entrada aparte en el blog.

Otro “nicho” de financiación se sitúa en los PATROCINIOS CULTURALES. Igualmente, no se trata de una “novedad”. No sólo en los grandes eventos de las grandes ciudades, sino también en las pequeñas actividades culturales municipales se ha usado el patrocinio. Si bien, en estos entornos pequeños, ha sido una fuente complementaria. En el actual contexto de ausencia de fondos públicos, las administraciones locales deben dar una vuelta de tuerca más al patrocinio cultural. Más si cabe cuando, en este caso, ambas partes reciben compensación directa.

Seguimos señalando fuentes de financiación para la cultura en los municipios: LA BANCA, A TRAVÉS DE FUNDACIONES (en otro tiempo las cajas a través de sus obras sociales) constituyen una “puerta” para la búsqueda de recursos económicos. Aunque, más allá de estas donaciones, que pueden encuadrarse en una estrategia de mecenazgo, la banca ofrece servicios de financiación. Es el centro de su negocio. Por ende, y en tanto que actividad económica y comercial, la cultura puede ser financiada por la banca. Es evidente. Así, el acceso a CRÉDITOS o MICRO CRÉDITOS en condiciones (teóricamente) más ventajosas que las presentes en el mercado, etc. suponen una vía de financiación alternativa al uso de recursos públicos.

Ya señalábamos antes que una buena forma de financiación es no necesitar financiación, en ese sentido nos encontramos con otras vías para seguir manteniendo viva la cultura desde los ayuntamientos (teóricamente sin recursos). Tal vez sea la que conlleve más riesgos (económicos, políticos y éticos). Nos referimos a la privatización. En un doble sentido, PRIVATIZACIÓN (EXTERNALIZACIÓN) de la gestión o, el caso más extremo, privatización, sensu stricto, del producto, equipamiento o bien cultural.

En primera instancia, puede parecer evidente el ahorro, pero no siempre es así. Del mismo modo respecto de la eficiencia. Es un lugar común, señalar la eficiencia del sector privado frente a la ineficiencia del sector público. Son fáciles de encontrar ejemplos de gestión privada de bienes públicos (no necesariamente culturales) que han tenido que ser “rescatados” por la administración.

Esto es, volvemos a la GOBERNANZA. No se trata de delimitar la buena gestión contraponiendo privado a público sino, simplemente, buena o mala gestión (repercutiendo directamente en los fondos y en el potencial acceso a los fondos). Ahora bien, cualquier ejercicio de privatización o externalización debe ser consciente del RIESGO DE PÉRDIDA DE BIENES PÚBLICOS Y COLECTIVOS; bienes para los que la ciudadanía ha encomendado su protección y custodia a los propios poderes públicos y que en los procesos de privatización quedan sujetos a la lógica de mercado.

En un aparente término medio, podemos encontrar la COLABORACIÓN PÚBLICO PRIVADA. En este ámbito se nos muestran estrategias de PARTERNARIADO y cooperación entre empresas y administración que, situando la cultura prioritariamente en su dimensión económica, intentan aprovechar las potencialidades que ofrece cada sector.

Esta estrategia de financiación aún está por desarrollar en su máximo potencial. Incluso, en ocasiones se le ha reprochado a las propias administraciones su cerrazón frente a potenciales colaboraciones con el sector privado que, fijadas con transparencia, claridad y rigor previamente, pueden aportar financiación y valor añadido al aportar una perspectiva diferente. En el documento Los partenariados público-privados y la creación de valor público (2010), Carles Ramió Matas, catedrático de Ciencia Política y de la Administración en la Pompeu Fabra, afirma que “las administraciones públicas ungidas por su enorme poder vinculado a las funciones de soberanía, al monopolio de la violencia y a su capacidad reguladora creyeron en su momento que podían seguir viviendo en solitario. Las instituciones públicas han tenido normalmente a una malsana prepotencia que ha generado culturas autárquicas (…) Actualmente ni las más grandes instituciones públicas, las administraciones centrales de los países desarrollados, tienen capacidad por sí mismas para afrontar los retos de un mundo globalizado. Ni sus millones de empleados públicos, ni sus apabullantes recursos, ni su poder legal les confieren el privilegio de poder actuar en soledad (…) El ejemplo más evidente es la administración local, que en países como el nuestro que apostaron históricamente por un nada razonable inframunicipalismo, que agrupa miles de pequeños aparatos administrativos que no sólo no pueden afrontar los nuevos retos sino que tan siquiera son capaces de resolver por sí mismos sus problemas más domésticos.”

En el ámbito de la cooperación entre poderes públicos y privados también pueden coexistir colaboraciones en las que lo prioritario no sean las relaciones económicas. Así ocurre cuando la relación se da entre administración y TERCER SECTOR. En este caso se elimina un elemento que consideramos determinante, el ánimo de lucro. El tercer sector sigue siendo sector privado, pero sin ánimo de lucro como característica definitoria. Se trata de organizaciones privadas con un “interés social” autónomas, pero (nuevamente volvemos a poner en suspenso nuestras consideraciones), supongamos una entidad cualquiera del tercer sector, ¿a quién rinde cuentas? ¿De dónde obtiene la financiación y recursos? ¿Alguna parte proviene del ámbito privado con ánimo de lucro? Recordemos, NINGUNA FUENTE DE FINANCIACIÓN ES NEUTRAL.

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Un pensamiento en “¿Nuevas? herramientas de financiación de la cultura en los municipios. 3

  1. Pingback: CROWDFUNDING. Apuntes críticos en torno a la financiación alternativa de la cultura. | Economía y Cultura

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