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Capital privado e instituciones públicas son dos conceptos que, en su relación, terminan remitiendo a la clásica cuestión: “¿quién paga la cultura?”. Y podemos añadirle otras cuestiones que, a veces, se soslayan: ¿Cuánto paga reamente? ¿Por qué paga? ¿Para qué paga? Y, por encima de ellas, ¿Cuál es el papel de la administración pública respecto de la cultura?

Antes, atendamos a algunos datos cuantitativos con un ejemplo relevante relativo al aporte privado a instituciones culturales públicas: Cada vez que el Museo del Prado consigue un Colaborador el Estado puede llegar a aportar 21.000 euros; cada vez que consigue un Protector el Estado puede llegar a aportar 105.000 euros y cada vez que consigue un Benefactor el Estado puede llegar a aportar 850.000 euros en cuatro años. No aporta directamente esas cantidades, sino que suponen deducciones y exenciones fiscales en virtud de la Ley de Mecenazgo.

Recurriendo a la Memoria de Actividades del Museo del Prado (año 2012) encontramos datos económicos relevantes respecto de la entrada de capital privado en una de las instituciones públicas más relevantes de España: Los ingresos de la institución en el ejercicio 2012 ascendieron a 40.151.596 €, de los que 15.947.832 correspondieron a subvenciones públicas, 5.105.000 a remanente de Tesorería y 24.203.764 a ingresos propios. De éstos, 14.178.266 provinieron de las entradas y 6.200.367 de patrocinios. Es decir, las entradas supusieron un 35,31 % del total de ingresos, mientras que los patrocinios supusieron un 15,44 %. Las subvenciones del Estado en 2012 supusieron un 39,72 % de los ingresos. Es decir, el 60,28 % DE LOS INGRESOS DEL MUSEO SON PRODUCTO DE LA “AUTOFINANCIACIÓN”. Un dato extremadamente relevante de la tendencia a esa “sostenibilidad financiera” a la que se pretenden dirigir todas las instituciones culturales (públicas o privadas). Una cuestión nos asalta, ¿sería posible esa capacidad de autofinanciación (además de una óptima gestión, claro está) sin esa colección, sin esa marca, sin ese patrimonio (que nadie duda público)?

Pero, volviendo específicamente al capital privado, no debemos obviar que esa aportación de más de 6 millones de euros por parte de entidades privadas, aplicando la Ley 49/2002 de incentivos fiscales al patrocinio y al mecenazgo, hace que el coste real, al desgravar en el Impuesto de Sociedades hasta un 35 %, suponga una aportación real 4.030.239 pasando más de 2 millones de euros a ser “aporte” del Estado al dejar de recibir esos ingresos vía impuestos. La aportación real de patrocinadores al Museo del Prado, en 2012, supuso un 10.04 %. Mientras que la del Estado a través de subvenciones y exenciones fiscales llegó hasta el 45,12 % (y las entradas un 35,31 %). Sigue siendo una cantidad muy importante la aportada por empresas privadas, pero, reiteramos, hemos de tomarla en perspectiva y, tal y como señalábamos en la primera parte de este post, con transparencia.

Ahora bien, ¿qué implica este aporte privado a una entidad pública? ¿Qué responsabilidad asumen la dirección, el patronato o los órganos de gobierno de la entidad receptora de fondos privados? Como señala J. Martín Cavanna en su artículo “Buen gobierno, transparencia y rendición de cuentas en el sector fundacional”(publicado en la Revista de Economía ICE may-jun 2013) estableciendo un cierto paralelismo entre organizaciones lucrativas y no lucrativas (y extrapolándolo a nuestro caso) “Difícilmente este órgano de gobierno cumplirá eficazmente su función si no tiene claro quiénes son sus «propietarios». Pues bien, lo cierto es que la propiedad de la organización (se llame lucrativa o no lucrativa) corresponde en última instancia a sus suministradores de fondos, se llamen accionistas o donantes, sean estos últimos públicos o privados”. De ahí la importancia que tienen, por tanto, la misión, la transparencia y rendición de cuentas (no sólo financieras) y, en definitiva, el buen gobierno de las instituciones. Tener meridianamente claro quién dona, cuánto dona, por qué dona, para qué dona, más, si cabe, si estamos ante UNA INSTITUCIÓN PÚBLICA (Y QUE PRETENDE MANTENER SU CARÁCTER PÚBLICO).

Sobrevivir en las circunstancias económicas actuales requiere acceder a recursos financieros, obviamente, pero vivir, ser sostenibles, exige un cambio en el modelo de gestión, no sólo de las organizaciones, sino, además, respecto de las relaciones entre las mismas. En un escenario de escasez de fondos públicos, serán las grandes instituciones las que accedan al capital privado (por múltiples razones) corriendo el riesgo de desaparecer las más pequeñas (sin fondos públicos ni privados). Tal y como señalan L. Bonet F. Donato en “The financial crisis and its impact on the current models of governance and management of the cultural sector in Europe” (2011) “…, even though the public contributions are deeply decreasing, the cultural sector is trying to maintain its dimension. Adaptation to less financial resources could be reached in two opposite ways: competing or cooperating. In the first option, each actor fights to survive trying to keep its funds at the expense of the others (as a result, the weakest ones will disappear). In the second option, the aim is to establish priorities and to look for the best strategies to increase productivity and non-public revenues”. Existen dos formas opuestas de adaptarse a este nuevo modelo de profunda disminución de la financiación pública: COMPETIR O COOPERAR; y es en esta segunda opción donde los autores se sitúan para mantener la dimensión y el peso del sector cultural aumentando la productividad y los ingresos más allá de lo público. Posiblemente la única forma de sobrevivir para las pequeñas instituciones culturales públicas.

Hacia dónde nos dirigimos y por qué, hecho que tal vaya más allá de los datos cuantitativos, aunque estos aporten la necesaria luz para dirigir nuestra tesis, son otras cuestiones latentes en esta reflexión. Las instituciones públicas buscan la participación activa de la sociedad aportando capital para su sostenibilidad. Si en esa tesis prima la participación de la sociedad o el acceso al capital (a través de grandes empresas privadas), así las instituciones públicas se abrirán a la sociedad o irán, paulatinamente privatizándose.

Aunque el hecho diferencial que no debemos olvidar tal vez sea que el salto a la búsqueda de financiación privada se produce por la falta de financiación pública. ¿Es esto una forma de dejadez o incumplimiento de funciones?

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Un pensamiento en “FINANCIACIÓN DE LA CULTURA Y CAPITAL PRIVADO EN INSTITUCIONES PÚBLICAS. Segunda parte.

  1. Pingback: APOLOGÍA DE LOS CENTROS CULTURALES DE PROXIMIDAD | Economía y Cultura

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