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El pasado viernes 7 de febrero el BCAM – Basque Center for Applied Mathematics en Bilbao acogía la Jornada “Cultumetría: Aproximación al retorno económico y social de la cultura” donde tuve la suerte de asistir y participar.

El workshop, que fue organizado por Kultiba y Tenzing Urbegui, pretendía ser un espacio de reflexión y comunicación sobre el papel que la cultumetría y las técnicas estadísticas y matemáticas de medición podían jugar en la cultura y en las políticas culturales. Un acercamiento cuantitativo al análisis de los retornos de la cultura. No obstante, en mi opinión, devino algo más. Se convirtió en el nacimiento y otorgación de carta de naturaleza de un concepto, la cultumetría.

Aunque relativamente joven, la economía de la cultura lleva casi 50 años operando prácticamente como disciplina. Con el paso de los años ha ido depurando su objeto y trazando las líneas maestras del análisis económico del hecho cultural (un hecho de naturaleza singular, podríamos convenir fácilmente). Desde los agentes culturales se ha ido necesitando cada vez más la toma de conciencia y los datos del impacto económico que su actividad generaba.

Pero el campo de trabajo al que se acerca esta Jornada va más allá. Tiene que ver con la aplicación de técnicas y modelos econométricos a la realidad cultural con el objeto de analizar su impacto en la sociedad. Su impacto económico y social. Y, un paso más allá, la aplicación de estas técnicas en la búsqueda de datos ajenos al propio hecho cultural, pero que pudieran afectar o verse afectados por el mismo, estableciendo si fuera posible una relación causal.

He ahí el quid de este asunto. La interpretación de estos datos para convenir esas posibles relaciones causales y acercarnos al impacto económico, sí, pero también al impacto y retorno social de la cultura.

La denominación “Cultumetría”, tan gráfica, otorga entidad conceptual, muy en la línea del ya clásico “lo que no se nombra no existe”. Mérito de la organización, Kultiba y Tenzing Urbegui.

Pau Rausell (Profesor titular de Economía Aplicada de la Universidad de Valencia), Andoni Garaizar y Álvaro Fierro (Consultores de las empresas Kultiba y Tenzing Urbegi), Mercedes González de Celis (Directora del Departamento Social y Cultural del Ayuntamiento de Ermua) y éste que suscribe intentamos aproximarnos a la cultumetría y a la medición de retornos e impactos de la cultura.

A la espera de las conclusiones de la Jornada, me aventuro a señalar tres posibles dificultades, en primera instancia:

  1. Debido a, como señalaba antes, la naturaleza singular del hecho cultural, resulta difícil la aplicación de las estadísticas a la cultura.
  2. Le añadimos la ausencia de neutralidad en la toma de datos. Toda toma de datos está mediatizada por los objetivos buscados.
  3. La interpretación de los datos y el establecimiento de modelos y (posibles) relaciones causa-efecto.

Tres posibles respuestas:

  1. A pesar de que la cultura y la creatividad van más allá de ser un concepto tangible y cerrado (está en continua evolución y crecimiento) hay aspectos básicos relacionados con la cultura que son objetivamente (en la medida en que eso es relativamente posible) medibles, desde el impacto económico al consumo cultural. Es más, como también señalábamos antes, medimos más allá de la cultura, medimos hechos y respuestas en la sociedad que estimamos relacionadas con la cultura (las multas de tráfico, como uno de los ejemplos usados en la Jornada)
  2. La toma de datos está mediatizada en cualquier caso, y no dejamos de medir el impacto económico de las autopistas, la subida de impuestos al consumo o el aumento de temperaturas en el último siglo.
  3. La interpretación de los datos puede ser sesgada, “interesada”, mediatizada, pero los datos (con las limitaciones antes citadas) siguen estando ahí. Se trata de ampliar miras, de ser conscientes de los datos estadísticos. El profesor Rausell proponía, acertadamente en mi opinión, la socialización de los métodos de búsqueda de datos e interpretación de los mismos (en la medida de lo posible). El aumento de conocimiento por parte de la sociedad.

Los datos y las estadísticas en el ámbito de la cultura sirven para arrojar luz. Medir nos sirve para dar cuenta de los prejuicios (una de las tareas universales de la ciencia a lo largo de la historia) y esclarecer. Hemos de ser conscientes de que, especialmente en el ámbito de la cultura y la creatividad son sólo una herramienta, pero útiles para la elaboración de políticas culturales que se dirijan de manera más eficiente a sus objetivos. La gestión cultural debe vencer, conociendo las limitaciones de los datos estadísticos, los temores (si los hubiera) a estos datos.

En siguientes entradas a este blog me gustaría glosar y desglosar mi pequeña aportación a la Jornadas (“Economía de la cultura y medición de impacto. Riegos del economicismo”), aun así, quisiera concluir como en Bilbao concluí, acudiendo a Wittgenstein y parafraseándolo:

“Los límites de mi lenguaje, son los límites de mi mundo” (Tractatus 5.6), ampliemos nuestros lenguajes, ampliaremos nuestros mundos.

Eskerrik asko.

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2 pensamientos en “CULTUMETRÍA: Del origen de un concepto a la necesaria virtud de medir en cultura

  1. Pingback: Cultumetría. Conclusiones desde la organización | cambiando de tercio

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