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Como hemos señalado en otras ocasiones enfatizando la importancia de las políticas culturales, éstas afectan tanto al servicio público como al tejido empresarial del ámbito de la cultura.

A efectos impositivos, las actuales políticas culturales con las que tiene que lidiar el mercado cultural están propiciando una catástrofe. Si tomamos, por una parte, la mercantilización del propio producto cultural y la dejadez desde lo público en la atención debida a la cultura y, por otra, las subidas del IVA y otros impuestos; la desmembración de la cultura como elemento productivo de la sociedad está garantizada. Es decir, la cultura no sólo sufre un ataque económico, sino que, además, lo sufre en el ámbito conceptual. Así, en la línea de intentar precisar las diferentes pautas y esquemas que dirigen las políticas culturales (paradójicamente) como desmembradoras de la cultura, queremos hacer referencia a los vínculos existentes entre cultura y entretenimiento en el marco de las actuales políticas.

Hemos insistido bastantes veces en la importancia de la promoción cultural desde las diferentes administraciones y “gestores de lo público” por cuanto suponen (o deben suponer) la garantía de desarrollo de la creatividad, la identidad y el germen del pensamiento crítico entre los ciudadanos, es decir, las políticas culturales tienen la obligación de estar dirigidas a mantener aquello que nos hace humanos, por muy pretencioso que esto suene. Sin embargo, hay una creciente tendencia que sitúa a la cultura en el mismo ámbito semántico y conceptual que al entretenimiento.

Entretenimiento y entretener son, según el DRAE, una forma de divertir y/o recrear el ánimo de alguien haciéndole más llevadero algo; en cambio, la cultura, además de ser un “conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico”, es el “conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.” y con una raíz proveniente del cultivo, la labranza. El cultivo de la mente, el juicio, el pensamiento… Parece obvio y tópico recurrir a esta casi perogrullada. Parece. Y en la diferencia entre el ser y el parecer es donde situamos esta reflexión.

El profesor Jaume Colomer lo describe excelentemente (aquí) reflexionando sobre la banalización de la programación cultural y señalando que “la cultura es una práctica de ocio autotélica que aporta, además de diversión, otros valores. Se dice que la cultura tiene un valor intrínseco en el desarrollo personal y comunitario (su función simbólica y de reflexión compartida sobre la realidad) además de valores extrínsecos como su capacidad de motorizar el desarrollo económico en sociedades avanzadas”. Destaco especialmente tres conceptos: La cultura aporta valores, tiene una función simbólica y es autotélica.

Por otra parte, podemos también acudir aquí al artículo “De las industrias culturales al entretenimiento. La creatividad, la innovación… Viejos y nuevos señuelos para la investigación de la cultura” del catedrático de comunicación Enrique Bustamante: “El término de ‘entretenimiento’ o sus contenidos esenciales penetran también subrepticiamente, sin reflexión ni debate, y desde hace tiempo, en el discurso y los estudios de organismos culturales europeos, como entidades de derecho de autor y de la administración cultural, justamente allí en donde debería presumirse una mayor sensibilidad por la cultura y su especificidad”; y más aún: “El entretenimiento se infiltra a través del ocio y del copyright”.  Esto es, vivimos tiempos en los que se desactiva la potente herramienta de pensamiento, identidad y creatividad que es la cultura asociándola al ocio y entretenimiento e instrumentalizándola, hecho que muestra la estrechez de miras de los responsables de este ‘cambio’. Pasa a ser otra herramienta, una herramienta peligrosa que deja a la sociedad huérfana anulando su singularidad.

Así, no es gratuita esta identificación entre cultura y entretenimiento. Se trata de una herramienta que desactiva el pensamiento crítico. Y añadiría, a la eliminación de la cultura como fuente de ejercicio crítico de pensamiento se le suma la instrumentalización de la cultura como herramienta de posicionamiento ideológico. Es por ello que aún siguen hablando de cultura… de lo que quieren que creamos que es la cultura.

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Un pensamiento en “Cultura y entretenimiento. Acerca de semántica y políticas culturales cortoplacistas.

  1. Pingback: La deformación cultural del siglo XXI | letrasconcriterio.com

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