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En el marco económico recesivo que nos hallamos, y en tanto que se está produciendo una deriva hacia la eliminación de intervención y de recursos por parte del Estado hacia el ámbito de la cultura, vivimos tiempos en los que se está replanteando la financiación de la cultura. Aquí se sitúa el debate sobre el patrocinio y mecenazgo cultural, y al hilo de ese debate queremos reflexionar en torno a la vinculación que hubiera entre la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) y la inversión en cultura.

Para contextualizar la RSC, aunque simplificando, podemos situar dos planteamientos directores de la actividad empresarial:

1. El sentido único de la actividad empresarial es la maximización de beneficios para los accionistas (tesis paradigmática de Milton Friedman)

2. Teniendo como origen las tesis de autores como H. Bowen, R.E. Freeman, A. Carroll, Porter, M.E y Krarmer, M. R. (entre otros), consideramos a la empresa en sociedad. Es decir, la empresa tiene una responsabilidad para y con la sociedad y, sin obviar los beneficios económicos, ésta tiene que procurar beneficios en la sociedad y el entorno en que se hallan. Se trata, en definitiva de la obtención de beneficios económicos, sociales y ambientales, atendiendo no sólo a la exigencia (legítima) de los accionistas de maximización de sus beneficios, sino, además, respondiendo a las necesidades de todos los grupos de interés, stakeholders, (empleados, accionistas, proveedores, consumidores, instituciones, comunidad, organizaciones sociales…). Para considerarse RSC en sentido estricto, las acciones dirigidas a la atención de las necesidades de los stakeholders han de ser voluntarias (no obligadas por la exigencia de la ley) e integradas en la propia estrategia empresarial. Así enmarcamos la RESPONSABILIDAD SOCIAL CORPORATIVA.

Uno de los elementos que constituyen la RSC es la acción social de la empresa (ASE) y la inversión en la comunidad, aunque es un elemento no-exigible. Es decir, es lícita y puede considerarse como ASE (en el marco de la RSC) siempre y cuando se cumplan ciertos requisitos: que se hyan cumplido previamente los objetivos económicos de la empresa, que la acción o inversión generen valor social y económico, que no entren en conflicto lo que la empresa hace y su plan ASE…

Tradicionalmente, una de las asignaturas pendientes de la RSC es la de la medición del retorno de la inversión, y aquí encajamos la tesis defendida en nuestro blog: una estrategia de RSC, la inversión en la sociedad y, en concreto, la inversión en cultura proporcionan a la empresa beneficios tanto cualitativos como cuantitativos, además de los innegables beneficios que reportan a la sociedad.

No estamos hablando aquí de empresas culturales per se, empresas que entre sus objetivos esté el desarrollo cultural, sino a empresas que invierten en el desarrollo de actividades o acciones culturales, patrimoniales, etc. integrándolas en su estrategia empresarial sin ser ellas mismas empresas dedicadas a la cultura. Empresas que financian exposiciones, restauración de monumentos, montajes escénicos, y un largo etcétera. Casi siempre se da entre las grandes corporaciones (obras sociales de entidades financieras, fundaciones, programas específicos de las grandes empresas transnacionales…), no obstante, sus beneficios son aplicables a todo el espectro empresarial, independientemente del tamaño y de la cuantía invertida por las mismas. Es más, la vinculación de las pymes a su territorio, a sus stakeholders, hace más necesaria aún las estrategias de RSC en éstas.

Se trata, de algún modo, de una cuestión ética. No se trata sólo de cumplir la ley, como señalábamos antes, sino de ir más allá. Como ejemplo: no se trata de ‘no dañar’ el patrimonio histórico, sino establecer estrategias, invertir en su restauración, puesta en valor, etc. Este hecho, además de beneficiar a la sociedad y no estar obligados a hacerlo (de ahí el componente ético), repercutirá positivamente en la cuenta de resultados de la empresa.

Puede parecer que se trata de una mera estrategia de marketing (y a veces, desgraciadamente, lo es), pero los beneficios de la RSC y de la inversión en cultura van más allá. No sólo mejora la reputación, aumenta la visibilidad y la imagen de marca de la empresa, sino que (y este es el sentido que queremos subrayar) fideliza clientes por cuanto asienta la empresa en el entorno y en el bagaje simbólico de la comunidad en la que se encuentra y con la que convive… y esto produce un innegable retorno positivo en la empresa.

Es importante reiterar que las estrategias responsables en el ámbito de la cultura tienen que ir más allá del marketing y de la comunicación a través del patrocinio. Aquí, el medio es el mecenazgo. No está vinculado a la obtención inmediata de resultados económicos y a la asociación directa a la imagen de marca. La empresa responsable debe convertirse en actor de la vida social (y cultural) de su entorno. Del mismo modo que genera riqueza, vertebra el propio territorio, participa de él y crecen juntos. Utópico parece, pero los resultados empíricos así lo demuestran.

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2 pensamientos en “Responsabilidad Social Corporativa e Inversión en Cultura. Una aproximación

  1. Pingback: Corporate social action as part of CRS (corporate social responsibility) « Marta's PR theories blog

  2. Pingback: Análisis de modelos de gestión en cultura (I) | MAGAR Cultura

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