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La formación del nuevo gobierno de España ha propiciado un debate sobre la pertinencia o no de un Ministerio de Cultura. En esta estructura, el anterior ministerio ha quedado relegado a una Secretaría de Estado y, no sin razón, se han alzado voces advirtiendo de los riesgos que ello conlleva. En realidad, el hecho de que exista un ministerio o una secretaría no implica ni más ni menos presupuesto, ni más ni menos inversión (ni siquiera más o menos “altos cargos”). Además, una mayor inversión o un mayor presupuesto tampoco tiene que ver con el buen o mal uso de ese presupuesto. Eso dependerá, obviamente, de la directriz política y del buen o mal hacer de los responsables de las “políticas culturales”.

Dicho esto, podríamos situar el debate en otro ámbito, el de la identidad y esencia de estas políticas culturales. De momento, la voz de la cultura, si existe algo de eso en política, ha desaparecido del consejo de ministros, de ese lugar en donde se deciden cosas. Y si la voz aparece a través del ministro de Educación, Cultura y Deportes, será una voz mediada, intermediada. La cultura, hecho este empíricamente insoslayable, ha perdido visibilidad desde el punto de vista de nuestra política nacional. ¿Y tan importante es esto? Y si apuramos un tanto más, ¿que nos queda si desaparecen la visibilidad y el nombre? “STAT ROSA PRISTINA NOMINE, NOMINA NUDA TENEMUS”.

Las manifestaciones culturales son vehículos de transmisión y fijación de la identidad de los pueblos y sociedades. Somos lo que somos, ciertamente, gracias a estas manifestaciones y, del mismo modo, nuestras manifestaciones culturales reflejan qué somos. Y ahí vive la creatividad, como el elemento fundamental para convertir ese círculo en virtuoso. La creatividad como uno de los elementos generadores del pensamiento crítico.

Si ‘un poder político’ quisiera controlar nuestra identidad y “redefinirla”, se me ocurre que podría actuar de dos formas, o dirigiendo las manifestaciones culturales allende la creatividad, y/o invisibilizando la creatividad (ese motor de la cultura).

Aquí, está claro, entran en juego los medios de comunicación. Si atendemos a su papel, éstos se han convertido en los ojos y oídos de la sociedad. Más aún: en sus manos está determinar qué existe y qué no, y de una manera más incisiva en el ámbito de la cultura. Por tanto, es fácil diluir la creatividad haciéndola invisible.

Con la cultura, los poderes políticos, en todos los ámbitos, disponen de un arma de enorme potencial (especialmente en su conjunción con los medios de comunicación) que, a nuestro juicio, deben no usar, sino garantizar. Y para ello no hay más medios que establecer esa garantía desde la independencia.

Aún más, la cultura no sólo es una parte importante del PIB (en términos absolutos), no sólo es elemento identitario, es también “marca” (ya hemos hablado de esto en alguno de los post anteriores). La cultura es uno de los principales elementos que constituyen (o pueden constituir) la marca-país, la marca ciudad, la imagen primera de un entorno. Pero, claro, igual es peligroso que la creatividad deambule por las conciencias de la ciudadanía.

¿Y qué diferencia hay entre esto y el “pan y circo”?

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Un pensamiento en “Del riesgo de la invisibilidad de la cultura: STAT ROSA PRISTINA NOMINE, NOMINA NUDA TENEMUS

  1. Yo pienso que me daría igual si corresponde un Ministerio, una Secretaria de Estado, un Sanedrin o el pueblo directamente. La Cultura no debería pertenecer a una ideología, eso lo tengo claro. Pero debería disponer de un Fondo Cultural, que debería ser el sumatorio dde la ley del 1% + las Fundaciones que detraen sus fondos del herario público, ejemplo las Fundaciones de los Bancos de las Caixas, de todos aquellos que utilizan la Cultura como tapadera y otros. Este Fondo Cultural debería estar gestionado profesionalmente y dirigido bajo objetivos y proyectos, que serían financiados independientemente de las ideologias de los participantes. En este país siempre está acaparando las pasta disponible los mismos, ya está bien ¡¡¡ digo yo. La creatividad, las Polits culturales, las articipaciones en el PIB no van a funcionar por decreto Ley, sinceramente es un despilfarro todos el dinero a I+D, acaso un empresario o un técnico de pronto lee el BOE y se entera de que el es un gran Investigador….? Pero quien se cree eso. No sería mejor con ese dinero sanear nuestras Universidades de profesores torpes con proyectos infumables. Tenemos que pensar en el poco dinero disponible y que se despilfarre… no sería operativo

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