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Para ampliar la línea de trabajo del post anterior continuamos hablando de ciudades creativas, en concreto, usando hoy un concepto acuñado por Pier Luigi Sacco y Sabrina Pedrini: Distrito Cultural (“Il distretto culturale: Mito o opportunità?”).

Desde el punto de vista urbanístico, la adaptación de un barrio para que su tejido productivo esté guiado por la cultura requiere una alta inversión, por tanto, la participación ineludible de los poderes públicos. Éstos deben afrontarlo como apuesta por un modelo productivo diferente en el que las inversiones y el desarrollo de un plan estratégico puedan consolidar una estructura urbanística favorable al desarrollo de las industrias culturales (restauración de inmuebles singulares, adaptación de espacios en desuso para usos culturales, construcción de espacios aptos para el desarrollo de las artes escénicas, complejos culturales, locales y talleres acordes al trabajo de las Pymes culturales… en definitiva, todo un proceso de renovación urbana). Esta inversión pública no excluye la iniciativa privada (ni estrategias mixtas de inversión), pero el desarrollo urbanístico y su planeamiento es responsabilidad de los poderes públicos; además, el potencial flujo de ingresos (inicial) en relación con la inversión planteada no podría ser asumible fácilmente por los inversores no-institucionales.

Así, para alcanzar el “distrito cultural” necesitamos unos poderes públicos comprometidos y facilitadores de las condiciones, generando incentivos institucionales, respetando su patrimonio local, potenciando la educación como elemento potencial de creatividad…

Lo que se pretende en esta fase de regeneración de espacios para la constitución de distritos o barrios culturales, es propiciar las condiciones óptimas para conseguir el capital humano necesario que genera productividad y se genere una retroalimentación entre creadores (productores), consumidores y poderes públicos. Es decir, especialmente forjar condiciones para que el ciudadano acepte y aprecie la experiencia cultural como eje (en este caso también productivo) del barrio.

Y, por parte del incipiente tejido productivo, el objetivo primordial es buscar una ventaja competitiva que haga factible su sostenibilidad y extienda el beneficio potencial de la creatividad a toda la comunidad local. No se trata de crecer ad infinitum, sino de propiciar el desarrollo ‘autosostenido’. Ahí entran en juego, como hemos señalado ya en otros posts, las pymes. Empresas que vertebran el tejido social del entorno. Así, propiciar la concentración de pymes en el barrio o distrito de manera que se establezcan REDES de trabajo y producción. Un entorno altamente especializado que, a su vez, facilitará la consecución de esas ventajas competitivas a las que hacíamos referencia. A la vez, se requerirá de una mano de obra especializada que atraerá más capital humano.

Por tanto,  redes comerciales con dimensiones territoriales muy delimitadas y una producción muy concreta con vistas a generar externalidades que afecten positivamente a toda la ciudad.

Adjuntamos a continuación el artículo de Sacco y Pedrini que sirve de guía de esta reflexión: http://www.eblacenter.unito.it/WP/2003/5_WP_Ebla.pdf

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