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Un kafkiano horizonte de posibilidades se abre frente al papel del patrimonio y equipamientos culturales en el contexto económico en el que nos hayamos. Por un lado escuchamos y leemos la importancia que en el marco del desarrollo económico tiene el patrimonio histórico artístico y cultural. Nos dicen, y nos creemos, que la cultura es fuente de riqueza, generadora de empleo, potenciadora de otros recursos económicos y un elemento fundamental (y, sobre todo, de futuro) en nuestro tejido productivo y, por ende, en el PIB de cualquier ciudad, región o país. Por otro lado, la situación económica de crisis (recesión y depresión tal vez sean términos más adecuados para describirla) “obligan” a ser austeros, ¿eficientes? en el gasto, y a, en definitiva, recortar. Se cierran equipamientos, se postergan sine die intervenciones en el patrimonio, se recorta personal y se recortan inversiones y presupuestos.

Esto es, existe una fuerte conciencia colectiva y ciudadana sobre la importancia de la protección del patrimonio, aunque se dan casos de dejadez desde los poderes (especialmente públicos) responsables de su protección, y este hecho se achaca a los recortes presupuestarios y, lo que es más peligroso aún, se nos advierte de los recortes que vienen.

Varias reflexiones:

En primer lugar, estamos pensando el patrimonio y la cultura en términos de rentabilidad. ¿Es ese el planteamiento correcto? Y si lo es, y si queremos ser honrados, hemos de tener en cuenta el papel que juega en nuestra cuenta de resultados las inyecciones de capital público (subvenciones, ayudas, exenciones fiscales, financiación directa…). Así, cuando sólo pensamos en la maniquea relación “ingresos-gastos”, pocos equipamientos culturales, pocos yacimientos-espacios patrimoniales, son rentables. Desde otra perspectiva, la CUESTIÓN IMPORTANTE es explicar por qué es NECESARIA esa intervención pública y por qué es NECESARIO MANTENER (AMPLIAR) LA INVERSIÓN EN NUESTRO PATRIMONIO CULTURAL.

La pregunta sería ¿qué papel juega el patrimonio histórico artístico y el patrimonio cultural en sentido más amplio en el marco del desarrollo económico local? Replanteamos la pregunta: ¿Qué pueden hacer los responsables públicos con esta “herramienta” en el contexto de desarrollo socioeconómico en un entorno local?

Hay casos paradigmáticos donde el turismo cultural supone una fuente estable de ingresos para la ciudad, pero nuestra pregunta se sitúa en la frontera, en entornos más pequeños y con un patrimonio menos potente. Nos situamos en ayuntamientos pequeños que cierran equipamientos culturales por no poder mantenerlos, o no realizan intervenciones en el patrimonio por no poder financiarlas; en entornos donde no se ven ‘resultados económicos inmediatos derivados de la cultura’.

Ya en otros capítulos de este blog lo hemos apuntado, pero no dejemos de insistir en la tesis que mantenemos: la rentabilidad, como puro tecnicismo económico, de la actividad cultural reside en las potencialidades que esta actividad actualiza. La educación y la cultura no son sólo una fuente de riqueza, son la fuente de riqueza y constitución de un modelo de sociedad.  Son creadoras de mundos, nunca más necesarios que hoy. De ahí la necesidad de apostar por ellas. Los beneficios económicos se derivan de los beneficios educativos, sociales y culturales. Invertir en cultura (aunque sea recurriendo al tópico no deja de ser cierto) es la mejor de las inversiones con objeto de desarrollar un modelo productivo sostenible. Atender a la creatividad y/o mirar al pasado es mirar al futuro.

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