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El centro histórico ha pasado de ser el espacio público y referente a convertirse en un problema para los municipios y ciudades. Al menos, un problema en cuanto a su ubicación, función y usos en esta sociedad.

Uno de los riesgos que deben asumir los responsables de la gestión de los centros históricos es la tendencia a que sean tratados como meros contenedores patrimoniales haciendo única su función museística al sobredimensionar la función turística y cultural. Aún siendo prioritario mantener el legado y patrimonio de nuestras ciudades, no podemos ni debemos quedarnos en la mera protección y conservación olvidando un concepto extremadamente importante: la revitalización del centro. Centros y cascos históricos vacíos, impersonales, “sin vida”, que “cierran a las siete”… Si no trenzamos un tejido social, el centro es un recipiente. En palabras de Fernando Carrión M. “(los centros históricos) se vacían de sociedad por las políticas monumentalistas”.

Una estrategia adecuada para la revitalización de los centros históricos pasa por entender la ciudad de manera global y trabajar en la recuperación de las funciones que, de manera lenta pero constante, han ido perdiendo. Los centros perdieron el papel de eje público, de espacio público, tornaron sus flujos demográficos y acabaron siendo (paradójicamente) artificiales.

Se hacen necesarias políticas de vivienda, de diversificación económica, educativas, sociales, etc. como mecanismo de “dotación de sociedad”. Hemos, por tanto de recuperar el centro para los ciudadanos sin perder, por supuesto, su función simbólica (la que lo constituye y genera su identidad colectiva).

En el puro ámbito del turismo, se ve claramente: unas infraestructuras turísticas, elementos patrimoniales y monumentales visitados masivamente (y sin límites) no son sostenibles. Constreñir nuestro patrimonio a ser elemento museístico es ponerlo en riesgo. Es necesaria esa función, pero no es la única función del patrimonio.

Toca por tanto hablar de equilibrio entre la protección del patrimonio, el elemento simbólico del mismo, la consideración de este patrimonio como generador de riqueza, la recuperación para el ciudadano de los espacios públicos y la regeneración de la funcionalidad. Un trabajo que relacione los equipamientos culturales y monumentos con los elementos constitutivos y vertebradores de la sociedad. Si el centro histórico no está vivo, no forma parte la ciudad, es sólo un cuadro, un documental o una foto…

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