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Época de inmediatez y totalidad. En esta sociedad globalizada el mundo ha acercado todos sus espacios y tiempos tanto que un observador cualquiera queda saturado de información. También en lo geográfico: Internet, la multiplicidad de medios de comunicación y la accesibilidad de los medios de transporte (vuelos baratos, universalización de las vacaciones, sensación de aumento del poder adquisitivo -hoy en caída libre-…) han tornado accesible el mundo en su plenitud.  Antes sólo podían viajar algunas clases sociales, sólo conocían el MoMA, v.gr., los profesionales, los neoyorquinos y las pocas gentes que podían permitírselo.

Hoy todas las ciudades se nos aparecen en el mismo tiempo y momento como susceptibles de ser visitadas. Son accesibles Tokio, New York, Bilbao, Praga, Barcelona y miles de ciudades de diferentes tamaños, poblaciones, lugares geográficos. Este hecho supone una excelente oportunidad para los responsables turísticos de las mismas, a la vez que un riesgo (en la diseminación). Las ciudades necesitan un ‘reclamo’, una suerte de cartel de neón que nos llame a visitarlas. En este sentido, nuestra reflexión girará sobre la marca-ciudad y las estrategias de city-branding.

La marca-ciudad es el nombre de la ciudad con las cualidades y atributos que inmediatamente y de manera casi intuitiva asociamos al mismo. Es la tarjeta de presentación de la ciudad, y nos muestra aquello que la hace atractiva. Es, en definitiva, un elemento intangible que crece y se auto alimenta constantemente. Una promesa de sensaciones, ya sean culturales, sociales, patrimoniales, museísticas, financieras, deportivas…, pero, y aunque pueda ser multidimensional (de hecho, cuantas más dimensiones recoja, a más ciudadanos, audiencias y ‘objetivos’ puede atraer), debe constituir una única proposición.

En la línea en la que hemos abierto el post, en la mayoría de ocasiones las estrategias de city-branding son diseñadas o dirigidas como elemento turístico, y usando el componente cultural como ‘carta de presentación’. Se trata de dibujar una imagen de la ciudad con los trazos que permite su acervo cultural. Pero, este concepto va más allá.

La marca-ciudad sirve a los propios ciudadanos como elemento aglutinador de identidad. Es decir, en primera instancia, son los propios ciudadanos los que tienen que sentir como propios los atributos y características singulares de su entorno; y éste sería un primer, pero necesario, paso para que el patrimonio histórico, cultural o de cualquier otra índole no corra el riesgo de ser despersonalizado y desposeído de la propia ciudad en este maremágnum.

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Un pensamiento en “CITY BRANDING

  1. Pingback: CULTURA, POLÍTICAS PÚBLICAS Y CRISIS. Viabilidad de los museos e incidencia en su impacto económico « Economía y Cultura

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