Home

El producto cultural como bien de consumo tiene ciertas peculiaridades a las que debemos atender en el análisis del impacto económico que puedan tener los museos. En la adquisición del bien cultural (en nuestro caso nos centraremos en la asistencia a un museo, pero es generalizable a todos los ámbitos de la experiencia cultural) se da una relación de información asimétrica entre compradores y vendedores por cuanto aquí intervienen, de manera determinante, factores psicológicos y, en definitiva, subjetivos.

En el caso de los museos, es fundamental el número de visitantes que acoja, de eso puede depender su existencia. Desgraciadamente, a veces, en el entorno económico en el que se ubica hoy la cultura, todavía parece necesaria la asistencia masiva de visitantes a los museos para justificar su existencia. Aún así, en función del tipo de museo ante el que nos encontremos, esta situación tendrá unos efectos u otros.

De la atracción de visitantes a los museos participan múltiples factores, además de la calidad de la colección y del precio de la entrada. La ubicación del museo, el atractivo del propio edificio (sin que se convierta, específicamente en el objeto de la visita), la accesibilidad, la disponibilidad de aparcamientos, los servicios del museo y los negocios   del entorno… Es por ello que, a veces, es más fácil atraer a un turista que a un ciudadano de la propia localidad: puede que uno de los objetos de su visita sea precisamente acudir al museo, no es necesaria más motivación (objeto de otro análisis será la publicidad específica para turistas antes de destino)

En los museos públicos, parece más fácil conseguir garantía de financiación independientemente del número de visitantes. En ellos, la colección expuesta no es objeto comercial. Pero, yéndonos al extremo y como riesgo en la gestión de este tipo de espacios museísticos, podría ocurrir que, a veces, se prestase poca atención, o una atención secundaria, a los servicios anejos al museo (cafeterías, tiendas de comercialización de productos relacionados con el museo, etc.). Es posible, incluso, que tampoco torne fundamental hacer atractiva la exposición a los visitantes.

En los museos privados su supervivencia depende de los ingresos (pago de entradas, restaurantes, tiendas, patrocinadores, donantes, etc.). Aquí la colección tendrá unos criterios claramente comerciales, y su organización está orientada a la atracción de grandes públicos y a la reputación (elemento potencial de atracción de públicos). El componente cultural de la colección pasa a un segundo plano. Además, la dirección del museo está supeditada a los donantes y patrocinadores, que pueden incluso interferir en la programación de los propios museos.

Se trata, en definitiva, de acercar el museo como bien público, además de ser un bien de consumo, hacerlo atractivo a los ciudadanos del entorno (recordemos que es un elemento simbólico y vertebra el territorio) y usar una adecuada estrategia de marketing, en la que lo fundamental sea la transmisión de valores que pretende el museo, la promoción de la calidad artística de la exposición y la interacción de los visitantes, sin estar supeditado a resultados económicos cortoplacistas que pongan en riesgo el fin último de los espacios museísticos.

Ilustramos esta reflexión con un artículo de Bruno Frey, profesor de economía de la Universidad de Zurich y una de las primeras autoridades en economía del arte, Cultural Economics :

http://www.bsfrey.ch/articles/D_206_09.pdf

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s